Cuando el poeta (pensando en Dylan Thomas) observa con sus cinco sentidos, además de con esa otra capacidad intuitiva suya tan apegada al terreno y tan poco común en el resto. Cuando mira digo, cómo el amor se esparce como la escarcha en un fresco amanecer, sobre la hierba de un parque bajo los declinantes rayos de una luna, que piensa enamorar al presentido sol naciente, cuando ve digo, y se recrea en su brillo (del rocío y del amor, me refiero) y en su frágil persistencia, para luego ir lentamente evaporándose, dejando unos sonidos, unos ecos de frescas brisas marineras y un aliento como de arbusto consumiéndose en las llamas de una pasión que siempre termina en discordia. Cuando esto ocurre el poeta sabe que su corazón es espejo de este sol creciente que en esencia es la vida. Y que un nuevo día es la búsqueda de una nueva pasión que conocerá aún con sus sentidos anestesiados y dormidos. Cuando el común, más mis sentidos (mi perversión) Cuando e...