GEOMETRÍA DE LA APARIENCIA
En esta oficina triangular, el jefe ocupa el vértice del abeto. Mientras tanto, ella y yo, subalternos, chapoteamos en el barro. En el desayuno, el jefe (piña sin piñones) la mira y calcula preciso el peso y las ecuaciones de las curvas de pecho y nalga generatrices de aquel lado del triángulo. Yo, mientras almuerzo con ella, exclusivamente le miro a los ojos. Leo en su mirada un vacío que succiona cualquier emoción, cualquier palabra. La incógnita para mí sigue siendo conocer la muerta pasión que creó tan gran hueco en ella. Así, este lado del triángulo resulta ser más incógnita que certeza. Ella se comporta como un anuncio de lencería, de salvaje sexo. Yo la veo como un árbol seco de raíz a causa de un radical desengaño. Resumiendo el teorema. Lo que ella en verdad sea como persona, la geometría no lo puede determinar.