Mi yo es un ojo, una visión situada en el centro de un triángulo. Mi yo es dios, atención a mi relato, límite y latido. Dorado color, falso aspecto aparente y valor por consenso. Soy relato y creencia obligada en el sentido de mi existencia. Blanco ángel de plata luminosa y cielo reflejado. Soy límite de belleza, bondad y justicia, atracciones inalcanzables y premio para el deseo de lograrlas. Sangre, color vino tinto, carne roja y tierra autómata. Soy latido inconsciente allí hunden su raíz los miedos allí germinan los íntimos placeres. Designio de la vida por voluntad de existir, de ser vida misma. He decidido resistirme al secuestro, al robo constante de la atención a contaminar la visión con artificios a nombrar a mi dios en vano. Porque no quiero ser relato impuesto ni soldado de un ejército conquistador ni bebé dependiente de ubres virtuales. Me convertiré en el ermitaño en este tiempo del algoritmo para ser, libre ojo en triángulo consciente.