Todo muerto abona
Todo muerto fertiliza un terruño. La extraña música que escucha el que pronto será semilla (de manera impensada e inevitable) la tocan el percutido corazón del viento la alegre voz del agua y el colorista metal de la arcilla. Esencial música de transfiguración. Por eso hay que vivir sordos a los cantos de cielos y de huríes. Y aprender a morir a manos llenas para bien alimentar ángeles desmemoriados, poseedores de nuestros átomos.