LA NUEVA AURORA
La indiferencia es muerte de realidad oscura. Del sol del cariño se pasa con rapidez a un ocaso de los afectos y de allí a la noche de la soledad. Ese amargo transitar se ha de beber con la consideración de ser víctimas de un inexorable axioma científico y por tanto de no poseer derecho al pataleo. No hay juez que castigue al azar. No hay fiscal que acuse a la suerte de veleidosa. Solo queda la esperanza de un amor futuro con el que resarcirse de tanto dolor. Pero la juventud posee ese arma en cantidades aparentemente infinitas y no suele sacar bandera blanca a las primeras de cambio. Bastan una mirada interesada o alguna atenta escucha, o quizás un roce inesperado, para hacerle atisbar la proximidad de una nueva aurora luminosa.

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