Diario de una musa (1)
EL RIO INTERIOR DE LA MUSA
Le acercan una roca basáltica; se la entregan con gesto triste diciendo un «para ti para siempre» y ella lanza el pedrusco al mar ¡Humano orgullo! Con la densidad de la roca te hundes ahogado en circulares discusiones mientras el agua te ignora y sigue su curso.
Roza su mano tumbados tras el coito y la caricia transmite perdón y cariño. Como fuma su marca favorita vuelve inconsciente a la adolescencia. La memoria es fluidez de humo inestable en espacios cerrados. Los niños la desprecian jugando a sus locuras.
De su poemario favorito recita unos versos sin retórica. Luego se mofa de sus abstracciones y siente una incitación a la disputa. La lectura le suscita los límites entre lo verdadero y lo real porque lee en un entorno de engaños, máscaras y reflejos.
Se turba mientras imagina sueños de dos ancianos amándose sin saber cuanto les queda. Juegos de la pastilla y la paciencia. Sexo de los mayores exactitud de la derrota, en vieja habitación.

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