SENTIRSE AMANECER
Los señores de la codicia, los zares de la guerra y los obsesionados con sus objetivos, no comprenden mi deseo de encontrar las palabras de ese verso sencillo que expresa lo complejo del vivir. Porque saber de las tragedias cotidianas, de las derrotas más definitivas y de la frustración como ropa de a diario, es una escuela de fácil acceso pero que pocos logran acabar con buena nota. Conócete a ti mismo, dicen, ignorando lo bien que sabes de tus miserias y la facilidad con la que reconoces a los monstruos que procuras dejar prisioneros de tus sombras. Y de los miedos y traumas que el paso de los años han ido engordando, mejor no hago un inventario detallado, no vaya a ser que acabe siendo censurado o incluso condenado a la burla y el escarnio generalizados. Pero la voluntad de búsqueda de la expresión certera, el afán por pintar con palabras de colores lo invisible por conceptual y abstracto que sea, y las ganas de crear un marco serio y estable sobre el que pueda reposar la burbujeante liquidez de los desheredados actuales, son alimento de vida y son luz en el túnel de mis días. Porque hay una felicidad extraña en crear enigmas y por supuesto una mayor aún en resolverlos. Por eso me siento sol que amanece cada mañana. Es un engaño fuerte y un consuelo un poco idiota, pero lleva a unos éxtasis saludables que no tienen ni comparación con los que producen las drogas físicas. Es medicina mental que asombrosamente hasta mejora el dolor físico y el otro no digamos.

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